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El engrane planetario

¿Qué es la ciencia ficción?

La ciencia ficción está hecha de historias situadas en las costas o en las zonas de marea de un vasto continente llamado Ciencia, rodeado por el mar de la especulación y la fantasía.
Si la historia ocurre tierra adentro, lejos de la marea alta, se trata de ficción sobre ciencia, no de ciencia ficción. Si ocurre mar adentro, lejos de la tierra, se trata de fantasía, aunque el autor crea que está escribiendo ciencia ficción.
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It was a tradition when you turned 16 – Eric Cline (2020)

(Era una tradición cuando cumplías 16) Uno de los temas más persistentes en ciencia ficción es el de los cambios que la ciencia y la tecnología producen en la sociedad. Por lo regular, lo que se describe son grandes transformaciones que afectan el tejido social a nivel profundo, quedando los

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Rich Larson – Extraction Request (2016)

El maridaje entre horror y ciencia ficción ha originado algunas de las obras más icónicas de ambos géneros, desde el Moderno Prometeo hasta Alien, aunque la lista es larguísima. En este relato, un transporte militar con un puñado de conscriptos fuertemente “tuneados” con implantes biónicos se estrella en un planeta

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New Frontiers of the Mind – Andy Duncan (2018)

John W. Campbell, creador del término ciencia ficción (y de acuerdo con Isaac Asimov, “la fuerza más poderosa” dentro del género), y J.B. Rhine, quien acuñara el término Extra-Sensory Perception (ESP), experimentan con fenómenos psíquicos en la universidad de Duke a principios de la década de 1930. La historia describe

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Huir del siglo – Gabriela Damián Miravete (2020)

El lugar es el Convento de Corpus Christi de México para Indias Nobles y el año es 1779. A través de una serie de declaraciones ante el Santo Oficio durante el juicio de una monja, la narrativa nos va enterando acerca de un misterioso dispositivo que, como es natural pues

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Ben Bova – Mount Olympus (2000)

Dos astronautas, un japonés y un chicano, vuelan hasta la cima del Monte Olímpo en Marte para explorar la caldera extinta. Este relato demuestra cómo unos cuantos elementos bien fundamentados (en este caso de aviónica, geología y biología) son suficientes para armar una historia inmersiva en la que el drama

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Ciencia ficción: fuente de alternativas

A propósito de una ocasión en que ningunearon su trabajo como escritor de ciencia ficción a principios de los noventas, Cory Doctorow escribe: “El incidente es sobresaliente, pero no porque me sintiera ofendido. Es memorable más bien porque fue la última vez que alguien me miró con desdén porque escribía

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Los dos habían comprado la Guía juvenil de nomenclatura recientemente, la cual señalaba que los nomencladores ya no utilizaban los términos Dios o nombre divino. Las ideas actuales sostenían que existía un universo léxico además de uno físico, y que juntar un objeto con un nombre compatible hacía que se realizaran los potenciales de ambas cosas. Tampoco existía un “nombre verdadero” para un objeto dado: dependiendo de su forma precisa, un cuerpo podía ser compatible con varios nombres, conocidos como “euónimos”, y a la inversa, un solo nombre podía tolerar variaciones significativas en la forma de un cuerpo, como lo había demostrado su muñeco andante. Cuando llegaron a la casa de Lionel, le prometieron a la cocinera que se presentarían para la cena en un rato más y se fueron al jardín trasero. Lionel había transformado el cobertizo de herramientas de su familia en un laboratorio que utilizaba para hacer experimentos. Aunque Robert solía visitarlo con frecuencia, recientemente Lionel había estado trabajando en un experimento que mantenía en secreto. Era solo hasta ahora que estaba listo para mostrarle a Robert sus resultados. Lionel entró primero y le pidió a Robert que esperara afuera; luego lo dejó entrar. Una larga repisa atiborrada de estantes con viales, botellas de vidrio verde con tapones y una variedad de rocas y especímenes minerales recorría todas las paredes del cobertizo. El apretado espacio estaba dominado por una mesa decorada con manchas y marcas de quemaduras, y sobre ella descansaba el aparato con que Lionel ejecutaba su último experimento: una cucurbitácea sujeta a una plataforma de modo que su parte inferior descansaba en un tazón lleno de agua, colocado a su vez en un tripié sobre una lámpara de aceite encendida. El tazón llevaba también sujeto un termómetro de mercurio. —Echa un ojo—dijo Lionel.
Muy simple fue mi explicación, y bastante plausible -¡como lo son la mayoría de las teorías equivocadas! Porque yo no había visto entonces el horror de las sombras. Y seguí conduciendo hacia la estación de Paddington, con la curiosa sensación de una calamidad inminente pesando sobre mí. Sólo cuando llegué a la puerta cerrada del vagón y me asomé, me di cuenta de que no estaba solo. Allí, en el asiento de enfrente, con las manos entrelazadas sobre la cabeza y los ojos fijos en los míos, había un marciano.