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PRÓXIMO lanzamiento

Ciencia ficción e imaginación Moral: Visiones, mentes, éticas

por Russell Blackford

La imaginación moral consiste en visualizar todas las posibilidades de una situación en particular para resolver un problema ético. Se trata de utilizar ideas, imágenes y metáforas no derivadas de principios morales o la observación inmediata para proponer respuestas éticamente solidas. Los defensores de esta idea argumentan que los conceptos éticos se entienden mejor a través de alegorías y narraciones.  

El original enfoque de Imaginación Moral: Visiones, mentes, éticas, de Russell Blackford, ofrece una exploración persuasiva de la conexión entre obras cardinales de ciencia ficción y los principios de la filosofía moral.

Los desarrollos científicos y tecnológicos que describe la ciencia ficción involucran una serie de desafíos éticos y expresiones morales sin precedentes. En este fascinante volumen, Russell Blackford ejecuta un análisis equilibrado sobre diferentes maneras de pensar en el futuro a través de la ciencia ficción, un género (o modo narrativo) con una posición privilegiada para prever dilemas intelectuales, filosóficos y morales que tarde o temprano enfrentaremos como especie.

Este libro está dirigido a cualquiera que esté interesado en la literatura de ciencia ficción y en la intersección de este género con la filosofía moral, tenga o no tenga conocimientos sobre estos temas. A pesar de este enfoque particular, sirve también como una introducción razonable al género, aunque tiene la profundidad suficiente para enriquecer a lectores serios y académicos, y sin duda es una fuente de inspiración para los escritores de ciencia ficción.

Ciencia ficción e imaginación moral: Visiones, mentes, éticas
Los dos habían comprado la Guía juvenil de nomenclatura recientemente, la cual señalaba que los nomencladores ya no utilizaban los términos Dios o nombre divino. Las ideas actuales sostenían que existía un universo léxico además de uno físico, y que juntar un objeto con un nombre compatible hacía que se realizaran los potenciales de ambas cosas. Tampoco existía un “nombre verdadero” para un objeto dado: dependiendo de su forma precisa, un cuerpo podía ser compatible con varios nombres, conocidos como “euónimos”, y a la inversa, un solo nombre podía tolerar variaciones significativas en la forma de un cuerpo, como lo había demostrado su muñeco andante. Cuando llegaron a la casa de Lionel, le prometieron a la cocinera que se presentarían para la cena en un rato más y se fueron al jardín trasero. Lionel había transformado el cobertizo de herramientas de su familia en un laboratorio que utilizaba para hacer experimentos. Aunque Robert solía visitarlo con frecuencia, recientemente Lionel había estado trabajando en un experimento que mantenía en secreto. Era solo hasta ahora que estaba listo para mostrarle a Robert sus resultados. Lionel entró primero y le pidió a Robert que esperara afuera; luego lo dejó entrar. Una larga repisa atiborrada de estantes con viales, botellas de vidrio verde con tapones y una variedad de rocas y especímenes minerales recorría todas las paredes del cobertizo. El apretado espacio estaba dominado por una mesa decorada con manchas y marcas de quemaduras, y sobre ella descansaba el aparato con que Lionel ejecutaba su último experimento: una cucurbitácea sujeta a una plataforma de modo que su parte inferior descansaba en un tazón lleno de agua, colocado a su vez en un tripié sobre una lámpara de aceite encendida. El tazón llevaba también sujeto un termómetro de mercurio. —Echa un ojo—dijo Lionel.
Muy simple fue mi explicación, y bastante plausible -¡como lo son la mayoría de las teorías equivocadas! Porque yo no había visto entonces el horror de las sombras. Y seguí conduciendo hacia la estación de Paddington, con la curiosa sensación de una calamidad inminente pesando sobre mí. Sólo cuando llegué a la puerta cerrada del vagón y me asomé, me di cuenta de que no estaba solo. Allí, en el asiento de enfrente, con las manos entrelazadas sobre la cabeza y los ojos fijos en los míos, había un marciano.