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It was a tradition when you turned 16 – Eric Cline (2020)

¿Qué es la ciencia ficción?

La ciencia ficción está hecha de historias situadas en las costas o zonas de marea de un vasto continente llamado Ciencia, rodeado por el mar de la especulación y la fantasía.
Si la historia ocurre tierra adentro, lejos de la marea alta, se trata de ficción sobre ciencia, no de ciencia ficción. Si ocurre mar adentro, lejos de la tierra, se trata de fantasía, aunque el autor crea que está escribiendo ciencia ficción.

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(Era una tradición cuando cumplías 16)

Uno de los temas más persistentes en ciencia ficción es el de los cambios que la ciencia y la tecnología producen en la sociedad. Por lo regular, lo que se describe son grandes transformaciones que afectan el tejido social a nivel profundo, quedando los detalles como parte del escenario.

En este relato, son estos detalles los que ocupan el primer plano: ¿qué será del sueño adolescente de aprender a conducir cuando los vehículos autoconducidos sean finalmente seguros y su uso sea generalizado?

Eric Cline nos cuenta la enternecedora historia de un padre que trata de enseñarle a conducir a una hija que no desea aprender a hacerlo, pues la tecnología ha hecho irrelevante esa habilidad. En unas pocas páginas, y con esta fallida lección como ancla, el autor muestra cómo los cambios van poco a poco convirtiendo nuestras más arraigados anhelos, nuestros sitios favoritos y nuestras costumbres en reliquias del pasado, en suma, cómo nos hacemos viejos a medida que el mundo a nuestro alrededor se renueva.

Publicado en Analog Science Fiction and Fact. Mayo/Junio 2020.

Los dos habían comprado la Guía juvenil de nomenclatura recientemente, la cual señalaba que los nomencladores ya no utilizaban los términos Dios o nombre divino. Las ideas actuales sostenían que existía un universo léxico además de uno físico, y que juntar un objeto con un nombre compatible hacía que se realizaran los potenciales de ambas cosas. Tampoco existía un “nombre verdadero” para un objeto dado: dependiendo de su forma precisa, un cuerpo podía ser compatible con varios nombres, conocidos como “euónimos”, y a la inversa, un solo nombre podía tolerar variaciones significativas en la forma de un cuerpo, como lo había demostrado su muñeco andante. Cuando llegaron a la casa de Lionel, le prometieron a la cocinera que se presentarían para la cena en un rato más y se fueron al jardín trasero. Lionel había transformado el cobertizo de herramientas de su familia en un laboratorio que utilizaba para hacer experimentos. Aunque Robert solía visitarlo con frecuencia, recientemente Lionel había estado trabajando en un experimento que mantenía en secreto. Era solo hasta ahora que estaba listo para mostrarle a Robert sus resultados. Lionel entró primero y le pidió a Robert que esperara afuera; luego lo dejó entrar. Una larga repisa atiborrada de estantes con viales, botellas de vidrio verde con tapones y una variedad de rocas y especímenes minerales recorría todas las paredes del cobertizo. El apretado espacio estaba dominado por una mesa decorada con manchas y marcas de quemaduras, y sobre ella descansaba el aparato con que Lionel ejecutaba su último experimento: una cucurbitácea sujeta a una plataforma de modo que su parte inferior descansaba en un tazón lleno de agua, colocado a su vez en un tripié sobre una lámpara de aceite encendida. El tazón llevaba también sujeto un termómetro de mercurio. —Echa un ojo—dijo Lionel.
Muy simple fue mi explicación, y bastante plausible -¡como lo son la mayoría de las teorías equivocadas! Porque yo no había visto entonces el horror de las sombras. Y seguí conduciendo hacia la estación de Paddington, con la curiosa sensación de una calamidad inminente pesando sobre mí. Sólo cuando llegué a la puerta cerrada del vagón y me asomé, me di cuenta de que no estaba solo. Allí, en el asiento de enfrente, con las manos entrelazadas sobre la cabeza y los ojos fijos en los míos, había un marciano.